La vida comienza donde termina el miedo



Vivimos tiempos convulsos donde no se puede cuestionar ni  siquiera las incoherencias más evidentes por temor a ser señalado, ridiculizado... Sin duda es tiempo de VALIENTES.

Comparto una brillante exposición de José Vaso, autor de los maravillosos libros de Descodificación Cuántica.

“El virus existe, la gente se muere”.

La frase: “el virus existe, la gente se muere”, encierra en sí misma la pretensión de justificar cualquier posibilidad de iniquidad o de ignorancia en este mundo.

Con su amenazante sentencia, también encierra en sí misma un chantaje emocional. Ya que antepone con su categorización la idea de la muerte como si de algo ajeno a nosotros se tratase, capaz sin embargo de silenciar cualquier argumento que vaya más allá de semejante dictamen: “el virus existe, la gente se muere”...

Así, cuando se trata de dar sentido a un fenómeno digno de estudio mientras se activa la materia gris de forma independiente, surge la frase antídoto capaz de demoler cualquier intento que menoscabe la letanía oficial:
“El virus existe, la gente se muere”...

Esta frase contiene en sí misma el poder emocional de dinamitar la razón más elemental. La comprensión y el entendimiento.

Como un estigma de sí misma ocluye cualquier posibilidad, aturdiendo la mente y los sentidos hasta el punto de cercenar de cuajo a la realidad misma.

Sobrevolando el resto de los elementales principios que aturden el mundo con su dramático devenir: “los accidentes existen, la gente se muere”.

“La cocaína existe, la gente se muere”.

“El resfriado existe, la gente se muere”.

“La enfermedad existe, la gente se muere”
.
“El agua existe, la gente se ahoga”.

“El fuego existe, la gente se quema”.

“La lejía existe, las motos existen, los aviones existen, las escaleras existen, las bicicletas existen”.

Existen también los acantilados, los puentes, las ventanas, los cristales, las piedras, los martillos, las sierras, las tenazas y los alicates, las duchas y los resbalones.

También existen la vida y la muerte por principio inevitable de la dualidad existencial.

“La vida existe, la gente se muere”…

Y como la vida existe y la gente se muere, en definitiva, usaremos nuestro raciocinio más elemental para encerrarnos en casa recreando una debacle a nivel mundial: Saldremos a la calle con bozos para evitar el contagio que supone respirar el aire que nos rodea, avalaremos un estado autoritario policial sin restricciones, aplaudiremos 5 minutos todos los días a los mismos que rechazaremos si descubrimos que trabajan en un hospital, y permaneceremos unidos mientras tanto, tan contentos, esperando a vencer aquello que de ninguna forma estamos dispuestos a confrontar:

“La vida existe, la gente se muere”.

José Vaso




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